Friday, September 15, 2006

LOS ANTECEDENTES DE LA ALQUIMIA


LOS ANTECEDENTES DE LA ALQUIMIA - I





Enrique Selva Poveda

La Alquimia alcanzó su esplendor tal como la conocemos en la Edad Media y en el Renacimiento. Ello no quiere decir que no existieran alquimistas mucho antes; la postura vital de imbricar el perfeccionamiento personal junto al estudio de la Naturaleza es algo antiquísimo y se encuentra en muchos pueblos. De ahí que sea interesante para llegar a una buena comprensión de la Alquimia el que me remonte a tiempos lejanos.


La corriente de conocimiento ocultista interferirá más adelante con dos religiones: el judaísmo y el cristianismo. El pueblo judío producirá un fruto si cabe más complejo que la misma Alquimia, la Cábala, de la que no me ocuparé aquí, pero que tiene muchos puntos de relación con la misma. Fue en el mundo cristiano donde tuvo más cultivadores la Alquimia y donde condicionará de alguna forma nuestra forma de pensar y, más todavía, nuestra forma de soñar.

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FILOSOFÍA Y RELIGIÓN INDOSTÁNICAS[1]

El problema del origen del Mundo, como a todos los pueblos, atormentó a los que escribieron los Vedas. En el Himno 129 del X Libro del Rigveda, el famoso Himno de la Creación, se pregunta el autor “qué había cuando no existía ni la nada ni el ser, cuando no existía ni la muerte ni la inmortalidad, cuando el día y la noche no se habían separado todavía. ¿Quién es el que sabe, quién podría decirnos de donde nació la Creación? Los dioses son posteriores”.

Más adelante, el poema adelanta una respuesta: el que todo surgió de un oscuro e indiferenciado oleaje, un intento de hacer aparecer algo de la nada; concepto similar a la creación bíblica, a la materia indeterminada e ilimitada de ANAXIMANDRO o al Abismo de la Teogonía de HESÍODO.

Y en el Rigveda se nombra el gran misterio del gran Dios desconocido, más elevado que los comunes dioses de la tradición. Le llaman Prajapati, padre del Universo; su imagen se va inconcretizándose, conceptualizándose; a veces se le confunde con el Tiempo o con la Fertilidad de la Naturaleza. Pero su caracterización más típica es identificarlo con lo bhramánico, lo neutro; equivalente a la oración, al sacrificio, a la palabra mágica. El nombre es idéntico al Ser, y la Palabra también existe desde el principio. Pero no es como el Logos griego algo racional, sino que lo propio suyo es el carácter mágico. Por ello, su evocación (del Dios Supremo) por los sacerdotes tiene un poder por sí mismo, independientemente de la disposición de ánimo. Así se puede observar en el Mahabarata cómo los hombres santos tienen poder sobre los dioses al invocar su nombre.

Lo brhamánico, lo neutro, lo indefinido, lo penetra todo. Frente a él están las cosas particulares, las que tienen “nombre y figura”. Lo brhamánico se diferencia de lo particular, pero no como una cosa se diferencia de la otra, sino que está junto a ella, impregnándolo todo.

Junto al concepto de lo brhamánico se encuentra otra entidad, el Atman, “el uno mismo”, la mismicidad. Lógicamente el Yo tiene a la Divinidad pero no mirándola hacia fuera, sino introyectándose dentro de sí, donde, profundizando al máximo, en cuya técnica la religiosidad india ha llegado al preciosismo, se acaba sumergiéndose en lo brhamánico, de donde se procedía. La auténtica realidad no estaría fuera sino en nuestra interioridad.

Posterior al Rigveda, en los Upanisadas, aparece otra noción fundamental de la filosofía-religión india: “la transmigración de las almas”. Cada cual, según haya sido su vida, la integridad o lo improcedente de la misma, se reencarnará tras la muerte, su Atman tomará otro cuerpo y llevará otra vida más feliz o más desgraciada, tal haya sido su comportamiento anterior. Pero esta reencarnación no sería por la acción de ningún dios sino por una especie de necesidad natural, como un premio o castigo inevitables. Sin embargo, esta serie ininterrumpida de reencarnaciones es algo así como la inutilidad del trabajo de Sísifo[2] -subir indefinidamente la roca a la cumbre para que se desplome de nuevo a la hondonada-, una “desdichada infinitud” en palabras de HEGEL, que hace anhelar una redención. Pero para el hindú la redención no se produce por la expiación de la culpa, ni por la misericordia de Dios como ocurre en el Cristianismo. La redención es obra del propio hombre si consigue fundir su Atman en lo brhamánico. No se alcanza por el sacrificio sino por la sabiduría. En esto se asemejaría al modo de pensar griego, aunque es un saber distinto. Para el socrático, la razón, el conocimiento, se confunden con la virtud; para el hindú es una especie de saber intuitivo -místico- que nos hace ver a cada uno como formando parte del Todo.

Esta doctrina evolucionará posteriormente a la filosofía Sankya, mucho más tardía, en la que la redención no se producirá por el sumergirse del Atman en lo brhamánico, sino por una separación del espíritu de la materia a la que está unida por un a modo de erotismo; al adquirir el conocimiento de su situación, de esa especie de confusión con la materia inferior, y se separe de ella, alcanzará la redención. En esta doctrina, como en el Budismo, se prescinde de Dios. No obstante, la aparición tardía de estas doctrinas (siglos IV y V d. C) hace que no influyeran en las ideas alquímicas y cabalísticas, cosa que sí ocurrió con el panteísmo de los Uspanisadas.

Es interesante considerar también la concepción del sacrificio de los hindúes. Todo sacrificio es en cierta forma una revitalización de un momento primordial en la Historia del Universo. Es un volver al principio, un retorno a los comienzos, una recreación. En este, el sacrificio tiene un rito estereotipado, preciso, y que tiene poder por sí mismo[3]: es de carácter mágico. De ahí el gran poder del sacerdote que domina con precisión cada palabra, cada gesto; poder, incluso, sobre los mismos dioses.

LA MAGIA EGIPCIA

Alrededor del Nilo tuvieron su mayor auge las creencias mágicas. Dice PLUTARCO en su “Isis y Osiris”: “Las Esfinges que los egipcios han colocado ante sus templos significan que la ciencia de su doctrina es enigmática...”. La ciencia “del más allá” tuvo su cuna en Egipto e impregnó a todos los pueblos mediterráneos. Hasta cuenta el Talmud judío que Cristo se había iniciado en los misterios de Egipto. Los alquimistas han querido ser herederos de la ciencia de Hermes, y los ocultistas modernos de los secretos de este pueblo.

En él la Magia y Religión van unidas. El sacerdote es asimismo el mago. Sus actos tienen valor por la materialidad de los mismos. Los signos no precisan de su significación para actuar, adquieren poder propio y ligarán de forma definitiva a los dioses a los que se dirigen. A una determinada fórmula mágica el dios debe responder de manera adecuada[4]. ¡Y que cuide de no hacer trampa! Hay crueles sortilegios que pueden alcanzar a los dioses: Si no traéis la barca hacia él, arrancará los bucles de vuestras cabezas como si fueran capullos que florecen a la orilla de un lago”. Al no satisfacer a un muerto sobre el que se ha vertido la magia del “sa”, el mago podrá invocar al rayo para que caiga sobre el brazo del dios que sostiene las bóvedas celestes.

El difunto que tenía la suerte de ser sometido a determinados ritos, de ser embalsamado según las reglas, de disponer de amuletos, ya no le supondría la muerte algo temible, y la vida del “mas allá” sería muy agradable. Era en el magnífico Libro de los Muertos donde estaban todas las fórmulas; a veces se enterraba con el difunto.

Un aspecto interesantísimo de la religión egipcia era el valor mágico de la palabra[5]. Nada existe antes de ser hablado. Para que los seres existieran tenían que ser lanzados por Thot -personificación de la lengua- de dentro a fuera. “La lengua -se lee en jeroglíficos- crea todo lo que se ama y todo lo que se detesta; crea la totalidad de las cosas. Nada existe antes de haber recibido su nombre en voz alta”. De aquí la importancia de conocer el nombre de las personas; forma parte integrante del ka -el doble psíquico del alma- y, a su llamada, todas sus potencias se conmueven. Al conocer el nombre se adquiere poder sobre la persona, se la puede bendecir o maldecir, someterla a sortilegios; el saber el verdadero nombre de los dioses -sólo en poder de los sacerdotes- supone el poder relacionarse con los mismos y condicionar su conducta para con los hombres. El conocimiento de las formas litúrgicas llegaba al preciosismo de conocer no sólo las sílabas, sino el tono y la armonía de la voz para que las invocaciones alcanzaran el fin deseado.

De Egipto la Magia se extendió a otros pueblos, con variantes en cada uno de ellos. En su desarrollo habría que distinguir dos tipos:

a) Magia negra o goética, que viene a ser un trato con el demonio.

b) Magia blanca, que sería un modo de física recreativa (ejemplo de ella fue la famosa estatua de Memnón). Referencia a ella se encuentra en el cap. VII del Éxodo: “Llama el faraón a sus sabios y hechiceros, los cuales, por medio de encantamientos y palabras arcanas, hicieron algunas cosas semejantes a las que Moisés había hecho”.

Estas creencias mágicas se enlazaron estrechamente con las astrológicas, pero fue otro pueblo el verdadero creador de estas últimas, como paso a considerar.

LA ASTROLOGÍA CALDEA

También a orillas del Tigris y el Eúfrates la misión del sacerdote -o hechicero, o auríspice, o adivino, que todo lo era- tuvo un papel muy importante. Aquí su nombre era el de Mago, derivado de “magusk”, palabra equivalente en sentido a sacerdote. Su ciencia procedía de 2 fuentes:

a) Del Sabeísmo caldeo, religión propia de los Sabeos, adoradores de los astros, especialmente del Sol y la Luna.

c) Del Mazdeísmo, de origen persa, concepción dualista de la creación del mundo.

Existía en Babilonia una escuela de ciencias[6] con especialidades tales como los kaschim, doctores en religión; los hartumim, que conjuraban maleficios; los gazrim, conocedores de los secretos de los astros; los hakamim, doctores en el arte de curar; los asafim, adivinos.

Como poseedores de saberes esotéricos usaban la antigua lengua sumeria, ya muerta. Su poder fue enorme, no habiendo decisión importante de los reyes en que previamente no se les consultase. Incluso llegaron al trono, como el mago Belesis. Su sucesor, también mago, Nabonasar, dio un gran impulso a la ciencia astronómica-astrológica.

La Astrología es una derivación anómala, heterodoxa, esotérica de la Astronomía. Como la Magia, estaba inspirada por un pensamiento a la vez panteísta[7], naturalista -detrás de cada elemento natural había un dios- y fatalista. Escribía DIODORO DE SICILIA: “Al decir de los caldeos, los astros imperan soberanamente en el buen y el mal destino de los hombres. Los fenómenos celestes son señales de felicidad o desdicha para las naciones”. Y añadía FILÓN: “Los caldeos fueron los primeros en pensar que es del sol y de las estrellas de los que depende el bien y el mal de cada uno”.

La Torre de Babel, construida a la manera de un Zigurat, pretendía ser un gran Observatorio para desvelar los secretos del Cielo. Los Zigurats tenían siete pisos (por los siete planetas) -cuenta la descripción de HERÓDOTO-; cada piso, de seis metros de altura, estaba pintado de un color distinto: el 1º de blanco, el 2º de negro, el 3º de rojo, el 4º de azul, el 5º de bermellón, el 6º de gris y el 7º de oro, el color del Sol. En la cumbre se situaba un observatorio donde se confeccionaban las tablas astrológicas[8]. De aquí surgió el Zodíaco: durante el año el Sol tiene doce estancias, subdivididas cada una de ellas en tres partes presididas por estrellas o dioses consejeros.

DIODORO decía: “Por debajo de la órbita de los cinco planetas, dicen los caldeos, están colocados treinta y seis astros llamados dioses consejeros. De estos dioses, la mitad habita encima, la otra mitad debajo de la tierra, para vigilar las cosas humanas y las cosas celestiales. Y cada diez días es enviado uno de ellos en calidad de mensajero de la región superior a la inferior; otro pasa de ésta a aquélla por un invariable intercambio. Además, hay doce señores de los dioses, cada uno de los cuales preside un mes y un signo del zodíaco. El Sol, la Luna y los cinco planetas pasan por esos signos llevando a cabo el Sol su rotación en el espacio d un año, y la Luna la suya en el espacio de un mes. Cada planeta tiene su órbita particular y difieren entre sí por la velocidad y el tiempo de su rotación. Estos astros influyen mucho sobre el nacimiento de los hombres y deciden de su destino, bueno o malo, por lo cual los observadores leen el porvenir en ellos. Así, según dicen, han hecho predicciones a un gran número de reyes, entre otros al vencedor de Darío, Alejandro, y a los reyes Antígono y Seleuco Nicanos, predicciones que parecen haberse realizado todas en la fecha y lugar señalados. Predicen también a los particulares las cosas que les van a suceder, y eso con tal precisión, que los que han hecho la prueba han quedado sorprendidos de admiración y tienen la ciencia de esos astrólogos como algo divino. Fuera del círculo zodiacal distinguen veinticuatro estrellas, la mitad de ellas en la parte boreal del cielo y la otra mitad en la parte austral; las que se ven están dedicadas a los vivos y las que no se ven asignadas a los muertos, y ellos llaman a esos astros Jueces del Universo”.

El Sol, la Luna y los cinco planetas marcaban el destino. Se agrupaban en tres categorías:

a) El Sol, la Luna y Mercurio tenían una influencia ambigua, buena o mala según las circunstancias.

b) Saturno y Marte, realmente dioses malhechores, eran llamados “grande y pequeña desgracia” por los mendaítas.

d) Júpiter y Venus, los bienhechores, “la grande y la pequeña fortuna”.

Comentaba DIODORO que “el Sol, colocado en el centro del sistema, tomaba con cada hora, con cada día, con cada mes un carácter diferente, según que estuviese bajo la influencia de tal o cual planeta, los cuales tenían también su hora, su día y su mes determinado, y su signo del Zodíaco”.

Cada hora del día estaba consagrada a un planeta. Asimismo cada día de la semana; y los doce meses del año no son sino las doce estancias del Sol en su curso -los signos del Zodíaco-.

Igualmente los Zigurats disponían, aparte el observatorio, de una “cámara de los sueños”. En 1854, E. TAYLOR, cónsul británico en Basora, descubrió los restos del Zigurat de Ur (la cuna de Abraham), construido por Nobonid en 553 a.C; en este templo, dedicado a Bel Marduck, existía un recinto donde la “mujer terrestre del dios Sol” explicaba los oráculos que en sueños le había transmitido su esposo.

La creencia en los sueños estuvo muy extendida en los pueblos de la antigüedad y, como veremos después, el pueblo judío presentó ejemplos abundantes de la misma.

EL OCULTISMO JUDÍO

Este pueblo no fue precisamente el padre de la Astrología ni de la Magia, pero no pudo librarse de sus influencias desde los comienzos de su historia. No obstante, las características de su religión, su arritualismo[9], propio de su nacimiento en un pueblo nómada, su falta de formalismo que choca abiertamente con las prácticas mágicas, su relación mística con Yhavé, que requiere más un corazón puro que unas prácticas litúrgicas, le hacía poco propicio al asentamiento de las creencias que se han venido apellidando como ocultistas. Por ello sorprende más la aparición en este pueblo de la heterodoxia cabalística.

Los libros sagrados presentan ejemplos de normas condenatorias de los actos mágicos y adivinatorios. Así en LEVÍTICO XX,6 se dice: “Si alguno acudiere a los que evocan a los muertos y a los que adivinan, prostituyéndose ante ellos, YO me volveré contra él y lo exterminaré de en medio de su pueblo”. Y un poco más adelante, en el versículo XX,27: “Todo hombre o mujer que evoque a los muertos y se dé a la adivinación, será muerto, lapidado; caiga sobre ellos su sangre”. En otro lugar[10]:”No haya en medio de tí quien haga pasar por el fuego a su hijo o a su hija, ni quien se dé a la adivinación, ni a la magia, ni a hechicerías y encantamientos; ni quien consulte encantadores, ni a espíritus, ni a adivinos, ni pregunte a los muertos. Es abominación ante Yhavé cualquiera que esto hace...”.

Pero las prohibiciones no pudieron extirpar las prácticas mágicas y adivinatorias. Situado el pueblo de Israel en una encrucijada de caminos, donde todos los pueblos antiguos se entremezclaban -egipcios, caldeos, cananeos, fenicios, sirios...-, no podía permanecer inmune a la influencia de estos pueblos.

El Efod, los urim y tummin

Es éste un ejemplo de práctica mágica en el pueblo de Israel y del que la Biblia presenta abundantes citas[11].

El Efod era el traje sacerdotal para las ceremonias y cuya disposición viene prolijamente descrita en EXODO XXVIII. Sobre el pectoral, encerrados en un cofrecillo, colgaban dos piedras preciosas, el urim y el tummin, que servían como oráculo para conocer la voluntad de Yhavé. Se utilizaban de forma parecida a dados; se hacía una pregunta a Dios y, según la piedra que se extrajera, la respuesta era positiva o negativa. En LEVÍTICO, VIII, 7-8 se lee “Vistió a Arón la túnica, se la ciñó, le vistió la sobreveste y el efod, que le ciñó con el cinturón del efod, atándoselo; le puso el pectoral con los urim y tummin”.

En I SAMUEL, XXIII, David supo el mal designio que contra él tramaba Saúl y dijo al sacerdote Abiator: “Trae el Efod”; y luego preguntó: “Yhavé, Dios de Israel: tu siervo sabe que Saúl se dispone a venir a Queila para destruir la ciudad por causa mía. ¿Bajará contra ella Saúl como a tu siervo le han dicho?. Yhavé, Dios de Israel, dígnate descubrírselo a tu siervo”. Yhavé respondió: “Te entregarán”. Entonces se levantó David con su gente, unos seiscientos hombres, y saliendo de Queila, iban y venían a la ventura.

Muy conocido es el episodio de la guerra de Saúl con los filisteos (I SAMUEL, XIV). Este rey hizo una promesa de ayuno en nombre de su pueblo. En el versículo 36 y siguientes se lee: Saúl dijo: “Vamos a salir a perseguir a los filisteos durante la noche, a destrozarlos hasta que luzca el día, sin dejar uno solo con vida”. Y le dijeron: “Haz cuanto bien te parezca”. Y él dijo al sacerdote: “Acércate”; y consultó a Dios: “¿He de bajar en persecución del enemigo? ¿Los entregarás en manos de Israel?”. Pero Yhavé no dio aquel día respuesta. Saúl dijo: “Acercaos aquí todos los jefes del pueblo y buscad a ver por quién haya sido cometido el pecado; pues por vida de Yhavé, el salvador de Israel, que si hubiera sido por Jonatán, mi hijo, sin remisión morirá”. Nadie del pueblo osó responderle. Dijo, pues, a todo Israel: “Poneos todos vosotros de un lado, y yo y mi hijo nos pondremos del otro”. El pueblo contestó: “Haz como bien te parezca”. Saúl dijo: “Yhavé, Dios de Israel, ¿cómo es que no respondes hoy a tu siervo? Si en mí o en Jonatán, mi hijo, está este pecado, Yhavé, Dios de Israel, da urim; y si está la iniquidad en el pueblo, da tummin”. Así pudo descubrirse que el culpable era Jonatán

Los terafim[12]

Eran probablemente estatuillas de madera a las que rendían culto los judíos, como reminiscencias de las prácticas de Egipto -las estatuas parlantes, cuestión misteriosa, pendiente todavía de investigación-. Era un culto idolátrico. Se lee en JUECES: Habiendo, pues, devuelto él a su madre el dinero, tomó su madre 200 siclos y se los dio a un orífice, y éste hizo una imagen tallada y chapeada, que quedó en casa de Mica; y así un hombre como Mica vino a tener una casa de Dios. Hízose también un efod y unos terafim y llenó la mano de uno de sus hijos para que hiciera de sacerdote... Más adelante, tras serle robados estos objetos por los hijos de Dan, Mica exclama: “Mi dios, el que yo he hecho, me lo habéis quitado junto con el sacerdote, y os marcháis. ¿Qué me queda entonces?”.

Cuando la huída de Jacob y Raquel de Labán (GÉNESIS, XXXI) se llevan sus terafim, probablemente para que no pueda consultarlos y saber por donde habían huido. En OSEAS[13] hay una cita que hay que referir a los terafim y a una supuesta varita mágica: Mi pueblo pregunta al leño y su bastón le hace revelaciones, porque el espíritu de fornicación le ha descarriado y fornicaron, alejándose de Dios.

Otros aspectos mágicos en el pueblo de Israel

Se pueden citar otras contaminaciones de este tipo, alguna tan importante como la evocación de los muertos, expuesta estremecedoramente con la evocación de Samuel por la sacerdotisa de Endor, a petición de Saúl[14]. La importancia de la revelación por los sueños está expuesta a lo largo de la Biblia[15], bien que también previene contra los mismos; en ECLESIÁSTICO, XXXIV,2 dice: Como quien quiere agarrar las sombras o perseguir al viento, así es el que se apoya en sueños, y continúa con clarividencia psicológica: El que sueña es como el que se pone en frente de sí, frente a su rostro tiene la imagen del espejo; para insistir más abajo: Cosa vana son la adivinación, los agüeros y los sueños; lo que esperas, eso es lo que sueñas.

Los tiempos de Salomón, con sus buenas relaciones con Hiram, su suegro, rey de Tiro, y con los etíopes, egipcios, etc, fueron ocasión de la asimilación de costumbres paganas. Y qué decir de las leyendas que rodean el Templo de Salomón; citaré solamente a las columnas Yakin y Boaz, situadas al norte y al sur del Templo, recogidas luego en la simbología masónica.

Más adelante, cuando se redacte la Mischna hacia el año 180 d.C -puesta por escrito de las tradiciones orales de lo revelado por Yhavé a Moisés-, la magia adquirirá más importancia, apareciendo numerosas fórmulas de invocaciones y exorcismos. Y en la diáspora serán los judíos los activos diseminadores de los secretos de Egipto y Caldea.



[1] E.VON ASTER. “Historia de la Filosofía”. Barcelona. 1935.

DEUSSEN. “Historia de la Filosofía”. Leipzig. 1895.

O. STRAUSS. “Indische Philosophie”. Munich. 1927.

[2] Sísifo es una figura mitológica, hijo del dios Eolo (el Viento), uno más entre los hijos de los dioses en sus uniones con los humanos. Fue el prototipo de bribón astuto que, tras escapar de muchos castigos debido a su astucia, fue finalmente castigado por los Jueces de los Muertos a arrastrar una piedra gigantesca a la cumbre de una colina para dejarla rodar por la vertiente opuesta. Pero, cada vez que se acercaba a la cumbre, el peso de la piedra le obligaba a soltarla cayendo de nuevo a donde la había cogido. Repitiéndose así indefinidamente.

[3] Se dice que la Gramática nació en la india por la necesidad de ¨no equivocarse al pronunciar los ensalmos”, que tenían que estar sometidos a unas reglas muy rígidas.

[4] A. ERMAN. “La religión de los egipcios”. Paris. 1932

[5] L de GERIN-RICARD. “Historia del Ocultismo”. Caralt. Barcelona. 1975.

[6] La misma referencia 28.

[7] Las doctrinas panteístas consideran al Mundo como una emanación de Dios.

[8] F.LENORMANT. “La adivinación entre los caldeos”. París. 1875-

[9] DESNOYERS. “Historia del pueblo hebreo”. Edt. A.Picard. 1930.

[10] Deuteronomio, XVIII, 10-12

[11] EXODO, XXVIII, 6-8 Y 15-30.

I SAMUEL II,18; XXII,18; XXIII,9; XXX,7; XIV,38; XXVIII,6.

II SAMUEL vi,14; II, 1.

LEVÍTICO VIII, 7-8.

JUECES VIII,27; XVIII,17.

OSEAS III,4

DEUTERONOMIO XXXIII,8.

ECLESIASTÉS XXXIII, 3.

NÚMEROS XXVII,21.

NEHEMÍAS VII,65.

[12] JUECES XVII,4; XVIII,14-24.

OSEAS III,4.

GÉNESIS XXXI,19-34.

[13] OSEAS, IV, 4.

[14] I SAMUEL, XXVIII, 12-29

[15] NÚMEROS XII,6

GÉNESIS XX,3; XXVIII,12; XXXI,24.

I REYES III,5

ECLESIÁSTICO V,6; XXXIV, 1-7;

MATEO 1,20; II,12.

DEUTERONOMIO XIII,1; XVIII,10.

JEREMÍAS XXIII,27

LEVÍTICO XIX,20

JOB XX,8.

[16] ERNS VON ASTER. “Historia de la Filosofía”. De. Labor. 1935,pg 64.

[17] El sur de la Italia actual.

[18] A. EQUILLEE. “La Filosofía de Platón”. Biblioteca de Jurisprudencia, Filosófía e Historia.

[19] Esta concepción estará en la base de muchas actitudes místicas posteriores.

[20] M. WUNDT. “Plotinus”. Leipzig. 1919.

[21] Es sorprendente lo actual que suena esta concepción. FILÓN ya entrevió lo fundamental de la Psicología profunda de nuestro tiempo, la enorme importancia del aspecto irracional de la personalidad, y que condiciona profundamente nuestra conducta.

[22] MENÉNDEZ Y PELAYO. “Historia de los Heterodoxos españoles”. Cap. II.

[23] PRISCILIANO fue español, obispo de Ávila, pero desarrolló su proselitismo principalmente en Galicia.

[24] A. SANTOS OTERO. “Los Evangelios apócrifos”. Biblioteca de autores cristianos.

[25] <Beta, si ignoras tú mismo la naturaleza de la Alfa? ¡Hipócrita!, explica primero la A, si la sabes, y luego te creeremos cuanto digas en relación con la B”. Después comenzó a interrogar al maestro acerca de la primera letra, mas éste no pudo responderle.

Entonces dijo a Zaqueo en presencia de todos: “Escucha, maestro, la constitución de la primera letra y fíjate como tiene líneas y trazos medianos, a los que ves unidos transversalmente, conjuntos, elevados, divergentes. Los trazos que tiene la A son de tres signos: homogéneos, equilibrados y proporcionados”. >>

[26]

“Quiero desatar y quiero ser desatado.

Quiero salvar y quiero ser salvado.

Quiero cantar: cantad todos.

Quiero llorar: golpead vuestros pechos.

Quiero adornar y quiero ser adornado.

Soy lámpara para tí, que me ves.

Soy puerta para tí, que llamas a ella.

Tú ves lo que hago. No lo menciones.

La palabra engañó a todos, pero yo no fui

completamente engañado.”

[27] SÁNCHEZ DRAGÓ, F. “Gargoris y Habidis”, trabajo III, pg. 66, 67.

URBANO R. “Mohidin y Raimundo Lulio”, en Sofía. 1905.

ASÍN PALACIOS, M. “El Islam cristianizado”. Estudio del sufismo a través de las obras de Abenarabi de Murcia. Madrid. 1931.

SHAH, IDRIES. “The way of de sufi”. Londres. 1968.

ASÍN PALACIOS, M. “Abenmasarra y su escuela”. Madrid. 1914.

WATT, MONTGOMERY. “Historia de la España musulmana”. Madrid. 1970.

CILVETTI, A.L. “Introducción a la mística española”. Madrid. 1974.

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